jueves, 16 de febrero de 2012

TAXONOMÍA DE LA IDIOTEZ


A veces duda uno si conceder o negar la razón a Arturo Pérez-Reverte cuando utiliza esa metáfora descalificatoria según la cual España es el país con mayor número de gilipollas por metro cuadrado. Partiendo de ese sarcasmo globalizador de Pérez-Reverte, habría que establecer una diferenciación entre las distintas clases de gilipollas hasta conseguir una taxonomía de la gilipollez mental y aplicarla a la ordenación jerarquizada de los grupos de gilipollas que andan por ahí sueltos. Te lanzarías a la búsqueda del gilipollas en un proceso agotador y sudoroso de catalogación determinante. Encontrarías cuatro casos bien diferenciados: a) que la gilipollez sea general, caso encuadrado en el pensamiento catastrofista de Pérez-Reverte, b) que tú consideres gilipolllas a los demás, caso encuadrado en el pensamiento arrogante subjetivo, c) que los demás te consideren gilipollas a ti, caso encuadrado en el ámbito del acontecer diario, y d) b y c conjunta e indistintamente.

Respuesta que te da el gilipollas cuando lo descubres

Para tu sorpresa, te encuentras con el primer gilipollas y resulta que no es tan tonto como lo define el diccionario de la RAE. Es más: se las da de listo y se las apaña para darle la vuelta a la tortilla. Dice que es político. Trabaja por el bien de España. Consigue que aquí el único gilipollas seas tú.
 (Cuando Europa salga de la recesión, no habrá gilipollez, dicen).
No lo creo. 

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