martes, 12 de octubre de 2021

(Un artículo antiguo - HOY, 12 de 0ctubre de 2003)


ENFERMEDAD

JUAN GARODRI

 

La sociedad está enferma. No sé si gravemente, pero lo está. No se trata de una enfermedad congénita, ni de una enfermedad provocada por un virus o cualquier otro elemento exógenamente peligroso. Se trata de que alguien, desde dentro, desde la entraña misma de los estamentos sociales, intenta destruirlos. Nada mejor para ello que destruir al individuo. Descompuesto el individuo como persona, poco a poco irá cayendo la sociedad en el ámbito abyecto de la descomposición. Han soltado virus de destrucción masiva que enferman la inteligencia de la ciudadanía, se instalan en sus neuronas y atrofian la capacidad de entender y comprender. Sin entendimiento para interpretar las claves positivas de la realidad y sin comprensión para admitir la desavenencia en las relaciones sociales, el individuo se  reduce a un ser carente de especificidad, se convierte en un ser enfermizo, esa anormalidad dañosa en el funcionamiento de lo colectivo.

 Saltan las alarmas. Basta un hecho, más o menos significativo, para que el gentío se lleve las manos a la cabeza y abra los ojos ante la muerte que, rodeada de circunstancias inusuales, aparece ante nosotros. Nadie se escandaliza porque durante cualquier fin de semana mueran decenas de personas en accidentes de tráfico. La sociedad lo ha asumido como un tributo al progreso, ya hablé de ello. Nadie se escandaliza por los muertos en accidentes de trabajo a causa, casi siempre, de la falta de prevención de riesgos a cuenta de las empresas. Cierto que esas muertes no son causadas por la violencia ajena. Así y todo, el mundo se escandaliza de que una persona haya muerto a consecuencia de la violencia en el fútbol. Sin embargo, la violencia no está en el fútbol, aunque a veces se manifieste a través de él. La violencia (en el fútbol o donde sea) radica en el hecho de que la sociedad está enferma.

El personal anda que se las pela con lo de pasarlo bien, que la vida es corta y, total para cuatro días que uno va a vivir, mejor descuajaringar el tedio que empinar el zapato sin haber probado un sorbo de glamour, ahora sobre todo, tan cerca como se tiene el accidente o el infarto. Se trata de un carpe diem apresurado y frívolo, tan lejano culturalmente de aquellos placeres momentáneos que difundía Horacio en sus Odas, como la exhortación a Leuconoe para que goce del día presente y no se fíe en absoluto del futuro. Una vez adoptada esta actitud, la exaltación exagerada del propio yo se extiende como un cáncer. Sin embargo, la falta de seguridad interior provoca el tambaleo de la personalidad, la falta de vigor moral activa la caída en la nada. El vacío es horroroso y el traumatismo psicológico deja noqueada la voluntad. La lesión de los tejidos mentales origina una decisión que se considera salvadora: actuar de forma voluntariamente egocentrista, siendo mi yo la única referencia de comportamiento. De ahí a la violencia no hay más que un paso. ¿Qué es lo que me entretiene, lo que me divierte, lo que me deleita, lo que me satisface? Pues hay que conseguirlo, caiga quien caiga. Yo soy yo y mi circunstancia, dicen que dijo Ortega. Y mi tío Eufrasio, rememorando su lejano bachillerato en El Brocense, aquellos tiempos en que la clase de latín no era optativa, declama con actitud ciceroniana, o bíblica, no lo recuerda bien, lo de Ego sum qui sum, y de paso declina ‘rosa rosae’, de la primera, para afianzar su personalidad.

La sociedad está enferma. Como un proceso lento, pero imparable, de descomposición y pérdida de un estado saludable. Y no se achaque solamente a la violencia en el fútbol el inicio de la putrefacción. A pesar de la patada de kárate con los dos pies que mató al aficionado del Depor en los aledaños del estadio San Lázaro, a pesar de la destrucción de asientos y urinarios, a pesar de la batalla campal posterior al partido de Copa Langreo-Oviedo, a pesar del movilazo en la ceja izquierda al árbitro del Castellón-Valencia, a pesar de la paliza que unos descerebrados infligieron a varios agentes de seguridad, a pesar de todo, la violencia no es más que un agujero por donde asoman los gusanos de la descomposición. Repito que hay quien está empeñado en descomponer la sociedad. Si no, a ver cómo se explica la insistencia aterradora en la zafiedad de muchos programas televisivos, o la pavorosa proliferación de películas de altísima violencia (Terminator ahora gobernador de California, sus votantes atraídos por los golpes y la sangre), o la destrucción del respeto ajeno de que hacen gala (y se forran) programas varios de televisión vespertinos, compendios refinados de la situación más abyecta e innoble en que pueden revolcarse los seres humanos. A ver cómo se explica el analfabetismo reinante, la falta absoluta de ideologías, la carencia de norma establecida a través de un ideal de arte, de cultura, de valores éticos o religiosos. La sociedad está enferma y las tribus de delincuencia juveniles se agrupan para defenderse de la putrefacción a base de destruir, considerada la destrucción y el ataque como hechos placenteros. Mientras quienes puedan hacerlo no eleven la persona a su dignidad intrínseca y eliminen la degradación como elemento luctuosamente fecundador de comportamientos sociales, la hostilidad y el odio proseguirán su carrera destructiva.

Tal vez a eso esté llamado un futuro en el que, como dice Gabriel Albiac, una sociedad analfabeta y ufana de su analfabetismo no puede tener otro destino que el del retorno a los juegos cavernícolas. La enfermedad de la violencia.ículo antiguo  - Domingo, 12 de octubre de 2003)

jueves, 7 de octubre de 2021

 ( Un artículo antiguo - publicado en Diario HOY,  domingo, 1 de agosto de 2004)


MASOCAS

JUAN  GARODRI

 

Siempre me ha sorprendido la felicidad que dicen que proporcionan los viajes. Me refiero a estas alturas. Hace veinticinco años, o más, yo era el más feliz de los mortales cada vez que salía de viaje. Recorrí parte de España, Portugal y Francia con una mochila a las espaldas —el autostop era un medio seguro para llegar a cualquier parte—, tomé por hotel las estaciones ferroviarias o las de autobuses, y me alimenté de pan, sardinas y tomates. Era la ilusión de la libertad. Libertad en estado puro. Ahora la libertad ha perdido su pureza, como las aguas y las costumbres, y casi todo adquiere el tono mediático de la inmediatez y la desesperanza.

Han sido unos días felices. Los días de los viajes son felices. No hay mayor felicidad que la que proporciona un viaje. Sobre todo si es un viaje al extranjero. Ya se sabe, esos viajes de los que podamos hablar al regreso mientras se magnifica la piedra, la cultura eslava y los ojos entre azul y acuosos de las nativas. El viaje es, al mismo tiempo, la exaltación de uno mismo, el arrebato férvido de la propia pequeñez geográfica. En realidad, no se va de viaje a enaltecer la piedra ajena o el rostro más o menos virginal de las muchachas: se va de viaje a conquistar terrenos interiores. El viaje al extranjero desarrolla la autoestima y alarga la limitación individual. Y no digamos si el viaje es uno de los que el gentío realiza más allá del extranjero. Porque te largas más allá del extranjero y olvidas el olor de España. No es una decisión malintencionada y perversa. El hecho del olvidar el olor de España no obedece a maldad antipatrióticamente enconada. Obedece más bien al inocente subidón de lejanía y separación que sufre cualquiera cuando pretende alejarse de la casa paterna. Y el gentío emprende el viaje. No voy a narrarlo con la pormenorización  con la que Arthur Gordon Pym, de Nantucket, se dispuso a contar el motín a bordo del “Grampus”, entre otras cosas porque el relato  «representa un fracaso de la mayoría de los principios y aun de las facultades creadoras de Poe» (Cortázar), pero sí voy a contarlo con la alegría inconmensurable con la que casi todo el mundo se lanza a la aventura viajera.

La gente es nadie si no viaja. Sólo el viaje supone la ruptura de la monotonía, ese espejo que te devuelve a diario la insoportable repetición de las desavenencias. Sólo el viaje te ofrece la libertad de las aves y los barcos, la perspectiva probable de una huída hacia el exterior de uno mismo, la superación del petardo diario que constituye la relación social, el avasallamiento de la propia contingencia. Así que la gente se decide al conocimiento. Porque previamente tiene que conocer la deslumbrante relación que expelen las agencias de viaje. El que viaja es feliz.

Miles, millones de personas se consagran a expandir la radiante cualidad del predicado: el que viaja es feliz. Ocurre, sin embargo, que la felicidad se atribuye al hecho de viajar, al medio con el que se viaja y a la lejanía del punto de destino, no a la interioridad de la persona que viaja. De lo que se deduce que la llegada al aeropuerto de Barajas, por ejemplo, debería producir en el viajero una satisfacción equiparable a la complacencia. Todo lo contrario. Dejamos el coche en el parking y arrastramos la maleta hasta la terminal. Nunca habíamos comparado la maleta con un muerto. Ahora sí. Era como si arrastrásemos un muerto pesadísismo con dos ruedecitas en lugar de pies. Pero un muerto. Después de sortear el caos absoluto que delimitan la agitación y los carritos, logramos identificar las ventanillas 13 y 14, justo las señaladas por nuestra agencia para la facturación. Hicimos fila. Y era de ver la fluidez con que avanzaban los viajeros de la fila de al lado y el plomo que inexplicablemente se había adherido a la suela de nuestros zapatos: nos había tocado en suerte la tonta del aeropuerto. Los viajeros vecinos avanzaban cada tres minutos; nosotros, cada doce. Una hora y cuarenta y cinco minutos permanecimos en la fila. Nuestra desesperación se acrecentaba a medida que las maletas ajenas eran engullidas tras su facturación mientras las nuestras permanecían inmóviles. Diez minutos faltaban para embarcar. Corrimos como locos a través de pasillos y controles. Con el aliento aniquilado logramos llegar finalmente junto al autocar que nos trasladaría al avión de las líneas checas. La llegada a Praga fue esquizofrénica. Por alguna razón incognoscible nos agruparon como a ovejas hasta la llegada del autocar. Arrastre de muertos-maletas y embarque hasta el hotel. Felicidad: nuestro hotel, situado en la periferia, en un lugar tranquilo, era el último del recorrido. Nada hay más execrable que un hotel situado en un lugar tranquilo. El autocar iba depositando tres turistas acá, cinco allá, siete acullá. Recorrimos Praga La Nuit (desconozco cómo se dice en checo) dos o tres veces. A la 1’35 de la madrugada llegamos a nuestro hotel. No teníamos rodillas, piernas ni riñones. En perfecto estado, se entiende. Tampoco teníamos cena. Después de tres cuartos de hora de agria discusión en un inglés perfectamente dudoso, conseguimos una bolsa de plástico con un tomate, una manzana, un pedazo de queso y un yogur. El agua del grifo de la habitación era potable.

Excedería los límites de este artículo enumerar las infelicidades que nos hicieron felices en Praga, en Viena, en Budapest. Palizas consentidamente asesinas. A pesar de la desintegración de las rodillas, del aplanamiento de los pies y de las 0’50 que en todas partes cobraban por mear, las seis o siete horas diarias de caminata eran pan comido. Ahora, eso sí, piedras vimos un montón y palacios y castillos y parlamentos y hoteles de seis estrellas y parques y jardines y hasta el palacio de Sissi con su camita y todo y el váter en el que se encerraba para hacer pipí. También nos permitimos el lujo de pasear en barco por el Danubio, en Budapest, y cenar a la luz de las velas bajo la eufonía herida de los violines. Y un colega al que no veía hace veinte años pues allí estaba, que el mundo es un pañuelo, coño, me dijo. “Praga mejor que Viena, ¿verdad?”. Le respondí que no, que Viena me había deslumbrado. “Pero qué dices”, se sorprendió, “si en los semáforos de Viena sólo se ven mercedes, audis y bemeuves, qué asco”.

A pesar de los huesos molidos, ha sido un viaje feliz. Diez días sin periódicos. El tufo a farsa (Comisión 11-M) que se extiende por todo el territorio nacional es más intenso que el olor de la sopa de frutas húngara. Otra vez el (d)olor de España.

 

martes, 5 de octubre de 2021


(Un artículo antiguo - Domingo, 20 de junio de 2004) 


METROSEXUAL

JUAN  GARODRI

 

Toda trinidad que se precie tiene que mostrar los atributos de sus tres partes de forma esplendorosa y mágica. Mágica de magia. Metrosexual, heterosexual, homosexual. Una sola esencia y tres personas distintas. No se entiende. Quizá por ello la simbología ha ayudado tanto a la trinidad. El triángulo equilátero símbolo del número tres, ya utilizado como expresión de la divinidad en civilizaciones anteriores a la cristiana. El trébol de tres hojas o el arco trilobulado de las cabeceras de las iglesias románicas o góticas poseían una relación simbólica con la divinidad que resultaba difícil descifrar en la realidad. La representación india de la cosa divina se aposentó en el ‘trimurti’, tríada compuesta por Brahma, Vishnú y Siva. Y puesto ya a la exposición de la rareza, me arriesgo a colocar lo de la «Hypnerotomachia Poliphilli», una especie de monumento en forma de pirámide triangular con tres esfinges. Así que es una fijación casi obsesiva la tendencia humana a la cosa trinitaria. Desde la Cábala y su conjunto de doctrinas místicas y metafísicas hasta los Templarios y su búsqueda del Santo Grial, desde Apuleyo y su asno a cuestas hasta Dan Brown y su pesadísimo código Da Vinci, el enigma que compone cualquier aspecto que pueda relacionarse con un ‘tres’ pone la credibilidad en cuarentena. Incluso ahora, lo que se dice hoy día, los gurús de la información esotérica nos clavan una trinidad actualizada, rodeada de belleza y de consumo sexy: homosexual-heterosexual-metrosexual. Una tríada sexualizada y fúlgida que irradia el resplandor de la belleza impuesta. La belleza de diseño, la del papel cuché, la de la pasarela. El tipo metrosexual es un tipo de consumo sáfico que pretende la armonía equilibrada por el color de su piel con sonrisa de miel y el perfume coronado con las violetas frescas del beso. La belleza florida, como la pascua, que esplende glamour y todo eso.

La belleza es inconsistente. No sólo porque carece de coherencia entre las partes que la integran, sino porque su propia duración es efímera. Las pompas de jabón, en su caducidad espumosa y líquida, representan la esencia lábil de la belleza, sin ponerse uno en plan manriqueño ni nada de eso. Simplemente es así. Por eso la persiguen. La perseguimos. Inútilmente. Esa facilidad de la belleza para no dejarse atrapar, para burlarnos. La fácil consecución de algo y su posterior posesión permanente aburre a las vacas de ojos soñadores y rumiantes. Por eso la belleza es instantánea, deslumbra habitualmente su fogonazo inicial. Después la perseguimos neciamente como el sabio del chiste que persigue mariposas con el cacillo de red. Por tratarse de una noción abstracta, la belleza debe necesariamente encarnarse en un sujeto concreto. Y creemos contemplarla en un cuerpo, en un poema, en un atardecer. Sin embargo, ahí no está la belleza. Creemos que está porque la necesitamos, pero no está. Y nada de medidas y proporciones, aquello del pantwn crematwn metrwn anqropos “panton jrematon metron ánzropos” y de que el hombre es la medida de todas las cosas. La belleza no es la simetría. Ese es el truco del almendruco. La belleza no es el individuo. Ese es el truco de los renacentistas. Plotino, que sabía un rato de belleza según puede comprobar cualquier lector conspicuo en sus «Enéades», aseguró que el objeto de la belleza es el brillo, no la simetría. Yo creo que Plotino hacía greguerías de encaje neoplatónico con la cosa de la belleza, o que se ponía sublime, usted comprende, cuando les daba caña a los niños ricos de la escuela que abrió en Roma, y los empujaba astutamente a la belleza metrosexual. «Objeto de la belleza es el brillo —les decía—  no la simetría. Si no, ¿por qué brilla la belleza en el rostro de un vivo, mientras en el de un muerto no deja el menor rastro ni siquiera antes de descomponerse y cuando la simetría no ha desaparecido todavía de él?». Es más bello cualquier feo vivo que la imagen del más armonioso muerto. Cosas de Plotino. Oséase, que la belleza se reduce no a la materia, sino a la forma. La belleza de Beckham, por ejemplo, aparece rutilante, y hay quien dice que espléndida, no por lo que manifiesta su cuerpo vikingo sino por el brillo de su piel, por el rútilo de su pelusilla de melocotón (también de su pelambrera cuando la tenía, porque ahora muchos metrosexuales se apuntan al aspecto melonero y metrosexual de Ronaldo, que sentó cátedra en rapados ya hace tiempo). Lo del brillo no deja de ser un símbolo, me parece. A pesar de Plotino. Y los metrosexuales brillan con el sudor del deporte bienpagado para posar después en actitudes de modelo de pasarela. Beckham y su pecho ovacionado y fúlgido, sus tatuajes de ninfa multialada, su languidez de amante incandescente, sus uñas pintadas de niña de salón, su sensualidad virtuosista en el lanzamiento de las faltas (en los penaltis no), su mirada perdida en el adorno y el acicalamiento de una virgen. Futbolistas disfrazados de maniquíes de un escaparate de Versace, dice Mendicutti. En fin, la  cosa transgresora de la metrosexualidad. Tomás de Aquino explicaba que el Espíritu Santo compendiaba el amor recíproco entre el Padre y el Hijo. Algo así, con los debidos respetos teológicos, compendia el tipo metrosexual: absorbe la recíproca relación que pueda darse entre la tendencia hetero y la homo. La belleza cosificada en tres que así son uno. Un lío de diseño y de fotógrafos.

lunes, 4 de octubre de 2021

 (Un artículo antiguo - Diario HOY, sábado 2 de enero de 1999)



EL CUENTO DEL ESCRITOR

JUAN GARODRI

 

 Disculpa, amigo, que empiece con una palabra tan lingüísticamente solemne y empinada como la de ‘semántica’. Porque me parece que es complicado lo de la semántica, qué quieres que te diga. Puestos a desentrañar significados,  tú percibes claramente las diferencias significativas que pueden darse entre batalla y riña, por poner un ejemplo, o entre piso y casa, por poner otro. Si me apuras, también podemos señalar las diferencias de significado que pueden establecerse en el campo nocional del que maneja la pluma: escritor, escribiente, escribidor, letraherido, plumilla y plumífero. Pero no es fácil, créeme.

El escribiente se acomoda a esa figura casi envidiada en épocas anteriores a la aparición del lío informático y de la sacrosanta triple WWW, que conseguía un sueldo fijo rellenando a mano facturas y balances o caligrafiando las actas de los plenos del Ayuntamiento. También se llamaba escribiente a aquel hombre que se quemaba las cejas en las trastiendas de las zapaterías y en las oficinas de los constructores para cuadrarles las cuentas. En definitiva, era escribiente porque escribía. Y mucho.

El escritor, en cambio, pertenece a otro mundo. Antes de la triple WWW citada, se pasaba las horas escribiendo en un cuaderno a rayas (con pluma de oca o con estilográfica recargable, según los tiempos), los sentimientos líricos, las pasiones narrativas y los desenlaces dramáticos que su talento extraía de las posibilidades ideales, más o menos deseables, hasta que conseguía transformarlas en aparentes y verosímiles realidades concretas, bien aderezadas con la habilidad de la maestría verbal, el conocimiento de la propiedad léxica y el talento de la coherencia conceptual. Ahí tienes, sin ir más lejos, la amplia nómina de escritores relacionados en cualquier manual de literatura. O los nombres de escritores famosos que aparecen en las listas de ventas publicadas por los suplementos literarios fin de semana.

En cuanto al concepto de escribidor, anda y pregúntale por su significado a Vargas Llosa. Y en cuanto a lo de letraherido, pregúntale al ‘agente provocador’ de Pere Gimferrer o, tal vez, a la facundia suficiente de Luis Antonio de Villena. Ahora, eso sí, por lo que se refiere a lo de plumífero y plumilla, pregúntale a mi amigo Severino Miranda.

Bueno, para no liarte, voy al grano. Y el grano trata de un amigo que yo tenía en los tiempos de la Universidad, esas amistadas enconadas y juveniles en que sobreabunda la camaradería y los amigos comparten sin demasiados miramientos los contenidos de tres remolinos existenciales, a saber: uno, los apuntes de crítica literaria y/o el paracetamol para los resfriados; dos, las zapatillas de baloncesto y/o la mutua soledad de las cogorzas de los viernes noche; y tres, las chapuzas culinarias en el piso y/o las apetitosas turgencias de las muchachas en el campus.

Ya te digo, Miranda y yo éramos amigos. Y, como suele ocurrir dentro de las buenas amistades, uno pide y otro da, de manera que él pedía porque yo solía acceder a lo que él solía pedir, hasta el punto de que utilizaba como norma de comportamiento la actitud parasitaria de las garrapatas a las que no hay desparasitador que las desparasite, una vez aferradas al pellejo.

Habitualmente, mi amigo pedía y yo daba, ya te digo. Y así, mientras él se largaba a dar una vuelta para ahuyentar el tedio rosado de los atardeceres, yo permanecía como un gilipollas en la habitación del piso, bien acodado en la roña olorosa de la mesa, devanándome los sesos para interpretar la velocidad caligráfica de mis apuntes y pasándolos a limpio para que él, convertido en rey del mambo, pudiera fotocopiarlos a la mañana siguiente.

Otras veces, la dificultad se agazapaba en el comentario de texto, actividad didáctica que odiaba visceralmente, decía, porque lo relegaba a la figura adolescente de segundo de Bup, ya superada, no sin astucia, triquiñuelas y chuletas perfectamente adaptadas al copieteo. Era humillante tener que retroceder hasta los años insensatos del instituto. «Yo ya he traspasado ese estadio lechoso de sarampión mental», sentenciaba. Y ahí me tenías liado con el comentario de texto, una tarde tras otra, sin levantar cabeza para que el rey del mambo se tirase el farol de deslumbrar al personal, generalmente femenino, con la ficticia posesión de una extraordinaria lucidez interpretativa y con la descarada aserción de que, en consecuencia, los textos de Guillén, por ejemplo, y los del 27 en general resultaban para él pan comido.

Cuando yo terminé, Miranda se arrastraba todavía por tercero o cuarto de carrera y creo que aún le quedaba alguna de segundo. No volvimos a vernos. Y asentados en el hecho de que la memoria se vuelve perezosa y liviana, cada vez fueron distanciándose más acusadamente los recuerdos hasta el punto de que desaparecieron como la niebla o las nubes.

Y ahí reside precisamente el cogotón de mi sorpresa. Como todas las mañanas, yo tomaba mi café caliente en el bar. Abro el periódico y, cielos, es él. Un artículo de media página firmado por él. «Severino Miranda. Escritor», decía. Los colegas miraron sin comprender la repentina tragantada que me desencadenó la violencia insoportable de una tos enfadosa y salpicona. La palabra “escritor”, rodeada de ufanía, podía haberse atravesado en cualquier parte, más o menos vulnerable de mi anatomía, en los ojos, por ejemplo, y haberme vuelto la visión borrosa, o en las tripas, y haberme producido una aerofagia dispéptica y antiescritora. Pero no. Se me atravesó en la garganta como hueso de pollo que adoptaba la forma vanidosa de un plumífero devenido en escritor. Y seguí tosiendo.

Con resignación y algo de rabia, pensé que en este país, suele decirse, el más tonto sabe hacer relojes. A no ser que Miranda se hubiera convertido milagrosamente en relojero. Tal vez.

 

 CRÓNICAS DE RADIO POPULAR

 DESDE CORIA


Inauguración del Instituto Nacional de Enseñanza Media

 

1 de octubre de 1970

 

Podemos decir con exactitud que Coria está de enhorabuena. Una enhorabuena metafórica, si se quiere, pero merecida. Y merecida por trabajada. Y está de enhorabuena porque mañana, día 2 de octubre de 1970, abre sus puertas el nuevo Instituto Nacional de Enseñanza Media para proceder a su apertura oficial, a su inauguración. Este flamante Instituto Nacional de Enseñanza Media dará cabida en sus aulas a 600 alumnos, aproxima­damente, que no es poco si se tiene en cuenta que Coria registra en su empadronamiento de 1968 a 10.200 habitantes, aunque haya adquirido mayor densidad de población en los dos últimos años. También se incorporarán al Instituto alumnos procedentes de las grandes poblaciones que rodean a Coria, como Moraleja y Torrejoncillo, además de otros pueblos pequeños, por lo que se prevé que el número de alumnos aumente considerablemente.

En Coria, la enseñanza para el bachillerato elemental empezó a impartirse en 1960 en el Colegio Libre Adoptado (C.L.A.) “Virgen de Argeme”. Este Centro ha desarrollado sus cursos hasta el año 1969 en que fue transformado en Sección Delegada. Como Sección Delegada solamente ha permanecido un curso, el pasado, 1969-1970. Con el inicio de este nuevo curso, el de 1970-1971, Coria ve aumentado considerablemente su bagaje cultural, aunque en potencia por ahora, con la apertura del Instituto Nacional de Enseñanza Media. Las gestiones hasta conseguirlo han sido laboriosas y prolongadas, trabajando en ello los responsables directos del Instituto y las autoridades locales. Todos los años se hablaba de la formalización de un Instituto de nueva creación en Coria. Después, los sueños se evaporaban como pompas de jabón sopladas por el desinterés de las autoridades provincia­les. Finalmente, tras la visita que esta primavera realizó a Coria la Directora General de Enseñanza Media, Srta. Dña. Ángeles Galino, la realidad se vislumbró prometedora y cercana. Por fin, mañana tiene lugar la apertura oficial del curso. Un digno y emocionante final, sobre todo para quienes lucharon por conseguirlo.

Próximamente, se informará de los actos inaugurales.

 

Desde Coria, para Radio Popular de Cáceres, J.G.

 

 

domingo, 3 de octubre de 2021

 (Un artículo antiguo - lunes, 24 de marzo de 2003)


ALBA  PLATA

JUAN GARODRI

 

 Ante la amplia información de las páginas de los periódicos y de las pantallas televisivas, ante el despliegue tipográfico de los suplementos especiales y de las conexiones vía satélite, ante los números extraordinarios y los programas especiales en torno a la crisis de Irak, parece algo así como traición informativa, apostasía o prevaricación, ponerse uno a hablar de algo distinto a la guerra.

Ante la repugnancia que me provoca esta guerra, casi no me reprimo y me veo morado para aguantar las arcadas que me revuelven las tripas, para soportar ese violento maremoto intestinal que provoca la náusea impelida por el repugnante virus del asco. La náusea me provoca una vergüenza inconmensurable y eleva sin parar mis cotas de adrenalina que (por muy levógira y cristalizable que sea) provoca en mi cerebro una especie de aturdimiento abochornado, cabreado y confuso, de modo que me avergüenzo, ahora mismo, de ser occidental, europeo, español y libre.

Y, sin embargo no voy a hablar de la guerra. Porque el sábado, día quince, prometí a algún colega dedicar la próxima ‘Tribuna’ a Alba Plata.

Cuando recibí la invitación del Excelentísimo Señor Presidente de la Asamblea de Extremadura para asistir al viaje (Alba Plata: un camino para la creación), juro que los putrílagos de la petulancia iniciaron en mi interior un insospechado proceso de fermentación que convulsionó mis vanidades. No era para menos. La propia Asamblea me incluía en el canon de ‘artistas y escritores’ extremeños: esa era la razón por la que había sido invitado. Llamé a Machaco por teléfono: sus palabras me hicieron caer del guindo. A pesar de ser uno de los mejores artistas extremeños, Machaco posee el don del raciocinio de forma clarividente y humorística. No seas crédulo, me dijo, nadie va a reconocer tus cualidades, cada uno va demasiado pendiente de sí mismo como para preocuparse de los engreimientos ajenos.  Si quieres, vamos juntos, le dije. De acuerdo, me dijo.

Junto al acueducto de los Milagros, en Mérida, aparqué al mismo tiempo que lo hacía Teresiano Rodríguez. Nos saludamos y nos prometimos alguna parrafada. La mañana era soleada y limpia. La vieja geometría del acueducto se recortaba contra el azul blanquecino del Este. Me dirigí a Santos Domínguez y recordamos otros encuentros en algún jurado literario.  A juzgar por las tímidas y escasas actitudes saludadoras, la mayoría del personal apenas se conocía. Qué hacíamos allí aquella mezcolanza de rostros, de apariencias y de mentes (separado). )Qué opiniones sobre la creación y el arte cabalgarían las neuronas del gentío? No puedo evitarlo: ante situaciones semejantes, me gusta agujerear la mente de los circunstantes y averiguar el pensamiento que la habita, averiguar los milímetros cuadrados de opinión que la alimenta. Porque, no hay duda: las mentes de artistas y escritores son las mentes dotadas de mayor cantidad de opinión por milímetro cuadrado que puede uno encontrarse. Ay, amigo, si acudes a cualquier foro, apreciarás maravillado que existen tantas opiniones sobre la calidad del arte o de la literatura como asistentes al acto, y aún más, porque algunos (y algunas) emiten opiniones diferentes según hablen al principio o al final. Y así, los enchaquetados, e incluso encorbatados, afirmarán con contundencia que el realismo, la disciplina y la vuelta a los conocimientos de siempre constituyen la base imprescindible para desarrollar un proceso artístico de calidad. Los enjerseizados y entrencados, por el contrario, afirmarán con solvencia que la tecnología, los ordenadores y las conexiones a Internet definen los itinerarios artísticos actuales, y no otros. Los barbudos y encazadorados expondrán con displicencia que solamente el progreso y sus referentes bimilenarios pueden capacitar una posición artística de calidad dentro de un acuerdo marco docente y pluralista.

No sé, aunque los viajeros no excedíamos de cincuenta, me pareció que algunos ejemplares constituían grupos indefinidos, no bandas, por supuesto. El grupo tiene en común la similitud, la reunión voluntaria para iniciar la búsqueda de lo semejante. El grupo funciona como una reducida concordancia de actitudes en la que un integrante puede conseguir con relativa facilidad una imagen para salir del anonimato. No creo que yo lo consiguiera, salvo que se considere salir del anonimato las amables y breves palabras de despedida que me dirigió Elías Moro y las que me dirigió don Manuel Veiga al principio de la cena: )Eres Garodri? Me dijo, Sí, respondí, Leo tus artículos, dijo, Gracias, respondí. El ego se me infló como un globo a punto de estallar. En fin, el placer de formar parte del grupo proviene de la exigencia de adaptarse a unas reglas de pensamiento y de conducta. En este sentido, todos nos sentíamos dúctiles, con fácil capacidad de adaptación a la incesante labor de pastoreo de Pilar Mayoral que, más que una guía previsora y experta, fue para los viajeros una madre, según afirmó Castelo en los brindis, al final de la cena.

Como el viaje por el tramo cacereño de la Ruta de la Plata (la información de Prensa ya ha relatado los pormenores)  era de creación, pues creé algo. Esto:

 

Ab Emerita Asturicam. La Ruta de la Plata.

A quince días de marzo del año dos mil tres.

En autobús, viajamos artistas y escritores 

(que somos eso, dicen,) para espantar el tedio

de nuestra Extremadura, tan amada y tan vieja. 

Acompaño a Machaco, que pinta caracoles

y esculpe minotauros y toros y doncellas 

perdidas en la inquieta rectitud de las líneas.

Yo escribo cuatro cosas en el HOY, los domingos,

y por eso me invitan al autobús que surca

la Ruta de la Plata como un velero cómodo

de la tecnología. Escritores y artistas,

dicen que somos eso, enfrentados al brillo

de la inmortalidad. Las piedras derruidas

de Alconétar y Cáparra nos ponen en el sitio 

que ya nos corresponde: la ruina que alimenta

venas y petulancias de jardines de agosto.

 Recuerdo, en consecuencia, sin heridas a nadie,

que el tiempo desconoce, con su conocimiento, 

que escritores y artistas, eso dicen que somos,

poseeremos la noche y no seremos nada.

 

 

 

 

 

 

  CRÓNICAS DE RADIO POPULAR

  DESDE CORIA


El Gobernador Civil promociona la Comarca de Coria.

Fomento de la artesanía municipal.

 

18 de julio de 1970

 

Ayer a las 9 en punto de la noche, el Excmo. Sr. Gobernador Civil de la Provincia se reunió en el salón de actos del Ayuntamiento de Coria con 60 alcaldes de la zona de Coria y Hoyos. Los convocó para hacerlos partícipes de las tareas que el Gobierno Civil desarrolla y, también, para que conozcan cuáles son las inquietudes y los proyectos del Gobernador. Del discurso pronunciado por la primera autoridad de nuestra provincia, me permito hacer el siguiente resumen.

Mucho se ha escrito sobre el tópico del individualismo español. Es natural, pero no lógico, que cada alcalde se “individualice” y se preocupe por el propio municipio. Sin embargo, lo importante del hombre es la racionalidad, la reflexión. Los problemas de un pueblo no se resuelven definitivamente si los pueblos limítrofes no se unen entre sí para resolverlos. Hoy no puede hablarse, pues, de individualismo municipal porque los problemas son de índole comarcal, por no decir nacional. Y éstos no pueden resolverse si los alcaldes no se relacionan, no se conocen y no se tratan. Esta política provincial de la relación hay que encajarla dentro de la gran política nacional.

A esta cooperación, a esta coordinación entre diversos municipios de la misma comarca, se opone un obstáculo que condiciona tremendamente el desarrollo en la provincia de Cáceres: este obstáculo es una estructura municipal deficiente. De los 219 municipios que hay en la provincia, 100 por lo menos están estructuralmente infradotados y desorgani­zados en cuanto a presupuestos, cultura, socialización y alejamiento de los rectos principios del Movimiento. De lo que resulta que, al no estar informada su actuación por estos principios, practican una política de campanario, mezquina y minimista, a todas luces inútil. Como solución para estos fallos, hay que llegar a la formación de cabeceras municipales de comarca que sean, al mismo tiempo, ejes de concentración y de expansión a donde se traslade la ciudad, es decir, a donde se trasladen los mismos servicios de que la ciudad goza, para que así el desarrollo provincial sea equilibrado. Los técnicos del Gobierno provincial están estudiando esta nueva estructuración municipal de la provincia a base de cabeceras de Zona que concentren a otros municipios subsidiarios, para llegar así a la comarcalización en el aspecto económico, cultural, agrícola, transportes, sanitario, laboral, etc. Por tanto, si es la estructura municipal individual la que está frenando este desarrollo, habrá que cambiar dicha estructura.

También expuso el Sr. Gobernador la gestión que la Diputación provincial ha llevado a cabo, mediante la compra de una finca en la que se pueda transformar en rentable el nivel de renta de la cabaña ganadera de la provincia, que en la actualidad es de 4.000 millones de pesetas. La Diputación hará sus experiencias pensando en las necesidades de la provincia para enseñar y ejercitar a agricultores y ganaderos en el cultivo correcto de los secanos, de los regadíos y de una ganadería que pueda competir en el mercado nacional e internacional, ya que con una producción pecuaria de 700.000 corderos, si se tipifica adecuadamente esta producción, puede exportarse con garantías de éxito a Francia e Italia.

La provincia de Cáceres ha sido declarada también Zona de Protección Artesana. A partir del mes de septiembre, habrá un Gerente provincial de Artesanía. Hay que fomentar la artesanía municipal puesto que este producto puede convertirse en fuente de ingresos, pues implica y complica a la familia en su trabajo. Y todos los productos tendrán salida porque la Empresa Nacional de Artesanía, a través del Gerente provincial, se hará cargo de la producción.

Después de tratar otros puntos, terminó el Sr. Gobernador diciendo que hay que descartar los pequeños recelos entre unos pueblos y otros porque, aunque es difícil la realización de lo anteriormente expuesto, hay que creer en el milagro. Esta fe en lo milagroso, en lo casi imposible, es lo que ha hecho posible la grandeza que poco a poco va consiguiendo España.

 

Desde Coria, para Radio Popular de Cáceres, J.G.


jueves, 30 de septiembre de 2021

 (Un artículo antiguo - Domingo, 4 de mayo de 2003)


GILIOREXIA

JUAN GARODRI

 

 He vuelto a las andadas: acabo de inventar la palabra. Giliorexia. Hubo un tiempo en que me dediqué a la poesía experimental, y así me fue, y hasta publiqué un libro-poemario, Lamento del recuerdo (Ciudad Real, 1982), en el que exponía que el conocimiento del lenguaje tenía que ir unido a la habilidad para manipularlo y que asumir la existencia consistía en caminar por un laberinto de palabras arrebatadas a las más íntimas catacumbas del lenguaje, cuanto más catacumbas y más íntimas mejor, y así le fue al libro, repito. No le hizo caso ni Dios, a pesar de las letras de aliento que le dedicó don Ricardo Senabre y de la presentación que Ángel Sánchez Pascual hizo de él en la Residencia de Estudiantes San José. Yo estaba acosado entonces por un afán desordenado de deglutir palabras, y fruto de aquella verborexia (ostras, acabo de inventar otra) aparecieron términos como «cuersexpo», para expresar que el sexo es el punto equidistante, equilibrador del cuerpo humano; «ambidifunto», para declarar que el ser humano es también difunto en vida, no sólo después de muerto; «pensaburrimiento», para manifestar que el pensamiento humano es un coñazo histórico, filosóficamente aburrido, pesimista y fastidioso; «oscurcindado», para exponer que el hombre (y la mujer, naturalmente) sobrevive rodeado de oscuridad mental y herido por ella. En fin, inventé otras muchas palabras porque mi verborexia, ya digo, era obsesiva e incesante, pero nadie les hizo caso, y ahí permanecen, en la ceniza de las páginas, esa incineración que el tiempo aplica a lo escrito en época de juventud y de utopías literarias.

Y ahora aparece lo de la «ortorexia» (Ver HOY, 28-04-03). La alumbra el afijo orto-, de raíz griega: «orthós», ‘recto’ o ‘correcto’; de donde ortorexia vendría a ser algo así  como el intento de evitar la alimentación considerada como perjudicial para el organismo humano. Acuciado por mi antiguo apetito verbal, no del todo desaparecido a pesar de esfuerzos y sacrificios, confieso que me atrajo la palabra, como una golosina de la lexicografía. Ortorexia. Suena bien. Como esas copas de cristal  que emiten un sonido casi transparente cuando las golpeas con la cucharilla. Lástima que la pureza acristalada de la palabra haya que asociarla con la estupidez. Es el contrasentido que coloca en su sitio la existencia, esa falta de correspondencia lógica entre lo que se pretende y lo que se consigue. Algo así le ocurre a la anagyris foétida, de nombre botánico sonoramente deslumbrante y de olor nauseabundo, sin embargo.

Así que aparecen en España los primeros casos de ortorexia, el culto obsesivo a la comida sana, «un trastorno de la alimentación tan peligroso como la anorexia». Zumba cojones. De manera que el personal empieza a inclinarse por la comida sana ¿sana? hasta el punto de preferir empinar el zapato reventado de salud. Y así se entera uno de cosas sorprendentemente ridículas. Por ejemplo, que la actriz Julia Roberts bebe diariamente litros y litros de leche de soja, así se le ha quedado ese rostro chupado, antes resplandeciente y atractivo (Pretty woman), ahora consumido y triste, de ojos hundidos y labios como morcillas. Por ejemplo, que  Jennifer López se hace las tortillas solo con claras de huevo, que no sé qué tortillas saldrán sin la amistosa densidad de las yemas, así se le ha quedado rígido el trasero, antes abundante y cómplice, ahora solitario y distante. Por ejemplo, que Jean Paul Gautier se toma más de 65 zumos de naranja diarios, no es de extrañar que se le haya quedado esa cara de azahar perfumado y patético, de tanta frecuencia evacuatoria. Ortorexia.

Un complejo de culpabilidad exacerbado si se cae en la tentación del chorizo y los huevos fritos. Desde que el vitalismo posmoderno y su explicación de los fenómenos biológicos borraron del mapa el concepto religioso de pecado, no han dejado de aparecer movimientos que impulsan a la aceptación del concepto biológico de lo pecaminoso, en el sentido de que la realización de un acto contrario al decálogo alimenticio, o ecológico o naturista o eco-biótico, provoca en el pecador una excitada conciencia de culpa que lo induce a «comer sano», o a aumentar los grados de cocción de los ingredientes, o a acrecentar el tiempo de lavado de frutas y verduras, o a aplicarse penitencias salutíferas que mortifiquen sus deslices, como visualizar uno por uno los envases alimentarios para comprobar el etiquetado y rechazar voluntariosamente todo aquello que huela a conservantes y colorantes. Ortorexia. Como las publicaciones del ramo se apliquen al tema de la condenación eterna por pecar en el consumo de casi todos los productos, los restauradores y dueños de casas de comidas lo van a tener crudo.  Si se extiende en el aire el olor de santidad ecobiótica, adiós al churrasco, a las chuletillas de cordero y al jamón de pata negra. Adiós a los coquillos con miel, al brazo de gitano y a las tartas con nata y cabello de ángel. No sólo cambiarán las costumbres alimentarias sino que, además, los neoconversos/as y ortoréxicos/as tendrán que arrastrar un carrito semejante al de la compra para disponer de evacuatorio adecuado, porque a ver cómo se las arreglan si ingieren 16 litros de agua diarios, o 52 zumos de naranja diarios, o 12 litros de leche de soja diarios. Qué tristeza, Dios mío, todo el día meando. Qué tristeza prescindir de la carne, del pescado y de los huevos con jamón. No digo que no: reducirán sus niveles de colesterol hasta límites saludablemente mínimos; pero sospecho, al mismo tiempo, que las pasarán canutas para que se les enderece el pindongo/a, porque es sabido que la reducción excesiva del nivel de colesterol produce un descenso alarmante del apetito sexual.

Ortorexia. Apetito correcto, ganas de comer correctas, según un canon de corrección alimentaria obsesivamente exagerado. Todo para conseguir llegar a la muerte irremediablemente sanos. No me digas que esta obsesión no es una perfecta giliorexia (apetito desenfrenado de mantener la salud a base de gilipolleces).

 

 CRÓNICAS DE RADIO POPULAR

 DESDE CORIA


El Gobernador Civil inaugura la Casa del Deporte, la pavimentación del barrio de San Juan Bautista y el alcantarillado del barrio de Santiago Apóstol.

 

17 de julio de 1970

 

 Siguiendo el ciclo de inauguraciones que viene realizando durante los últimos días por la provincia, se personó hoy en Coria el señor Gobernador Civil don Valentín Gutiérrez Durán. A su llegada a la ciudad, se dirigió al Ayuntamiento donde fue recibido por el alcalde don Joaquín Hurtado Simón y autoridades locales. Acto seguido, el Gobernador se encaminó a la avenida de Argeme para proceder a la inauguración de la Casa del Deporte cuyas instalaciones constan de oficina, sala de sesiones y bar[1]. A continuación, la comitiva se dirigió al barrio de san Juan Bautista donde se inauguró la urbanización y pavimentación de dicho barrio, así como la urbanización y pavimentación de la calle fray Francisco de Coria. Posteriormente, se inauguró la instalación del servicio de agua y alcantarillado en el barrio de Santiago Apóstol.

Finalizados los actos, el Excmo. Sr. Gobernador Civil prosiguió viaje a Moraleja y san Martín de Trevejo para proceder a otra serie de inauguraciones en aquellas localidades.

A su regreso por Coria, y a las nueve de la noche, se reunió en el salón de actos de este Ayuntamiento con los alcaldes de la Zona y Comarca de Coria, con quienes trató los distintos problemas que atañen a los pueblos circundantes, para buscar soluciones viables oportunas. Dado el interés general de estos asuntos, mañana hablaré de ellos en otra crónica.

A continuación, tuvo lugar una cena en el restaurante Montesol, magníficamente situado a orillas del río Alagón, con la que se quiso testimoniar homenaje a la primera autoridad civil de la provincia. Con esto se dio por finalizada la jornada.

Desde Coria, para Radio Popular de Cáceres, J.G.


[1]

 Estas instalaciones son las que hoy se conocen con el nombre de “Bar de los Deportes”, de propiedad particular.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

 ( Un artículo antiguo - Domingo, 14 de marzo de 2004)

 

BUENO, MIENTO

JUAN GARODRI

 

 Mal día para un artículo. Las elecciones comprometen a mucho o no comprometen a nada. Preferiría no escribir. Elecciones. Allá van ellas, tan fumadoras, tan de mesa de café, tan niqueladas de luna negra y rosaquintanas, expertas en doñaletizias y carminas, bellas de cremas reparadoras, jóvenes con el auténtico radar antiarrugas, dejando tras de sí la estela del perfumado flechazo de los olores que seducen y se dejan seducir... Bueno, miento, son ellos los que elevan la toalla de la masculinidad, tan saturados de loewe y bemeuves, tan de cartera de negocios y deseos, tan inmersos en las pantallas del Windows XP Home Professional, más victoriosos que vencidos, nuevas fragancias del remake y del safari chic, tan vibrantes tras las rosas y el amor de una junior suite con champán y fresas.

Más que la realidad esto es un sueño, bueno, miento, aseguran en sus conversaciones repletas de exvotos fonéticos. Qué suave delicadeza el reconocimiento humilde de la mentira personal, ese deslizamiento firme para reconocer que uno/una es el más listo/a de la troupe porque admite en su ego un efecto como el de la mentira. Bueno, miento, afirman cuando cambian de idea en la exposición de la idea. No es un defecto esta mentira, es una especie de lítotes verbal habitualmente utilizada para negar ficticiamente lo que a todas luces se quiere sostener como cierto. Es un ejercicio casi metalingüístico e inconsistente, a veces, con el que el hablante pretende humildemente llevar la razón, al tiempo que previene que, si admite que miente, no es cabezonería rucia la base de su perorata puesto que hay ocasiones en que la realidad se equivoca. Lo advierte, se corrige y dice, Bueno, miento. (En el fondo, piensa que lleva más razón que un santo de los antiguos, que son los que siempre llevaban razón). Bueno, miento, hubo santos que adoptaron actitudes irrazonables. Ejem, ejem.

¿Mentirá Zapatero si, como afirma, puede que no consiga mayoría de votos? Bueno, miento, no es que Zapatero haya dicho que no vaya a conseguir mayoría de votos sino que, si no consigue esa mayoría, no gobernará. Quizá cuando lo ha afirmado tan rotundamente en tantos sitios, en tantas entrevistas, en tantos mítines, tendría que haber dicho, bueno, miento, no formaré gobierno si no consigo mayoría de votos a no ser que me obliguen mis compañeros de lista... «Gane o pierda yo soy el fuuuturo». Puede que Zapatero no mienta. Puede que, efectivamente, él sea el futuro. ¿Mentirá Rajoy cuando afirma que «quiero ser mejor que Aznar porque es lo que quiere Aznar y me lo exigirá la mayoría de los españoles?». ¿Quiere el personal a Rajoy porque lo quiere Aznar o lo quiere para que solucione los problemas del pueblo? Lo quiere. Lo quiero. La oxitocina y la vasopresina favorecen la formación de fuertes lazos de unión. Estas hormonas desarrollan la activación del cerebro hacia lo emocional y anulan la capacidad crítica.

Los partidos políticos saben que estos días de campaña electoral, ya pasados, han servido para darse un baño de publicidad. Ayudan a consumar la decisión de los indecisos. Los partidarios de un partido no han necesitado campaña electoral: siempre votarán a favor del anagrama que llevan bordado en el corazón, como una insignia epitelial.  Los partidarios de ningún partido resbalan por encima de eslóganes y consignas, por encima de una pista de hielo apolítica y desestimada. Los indecisos son pocos. Aseguran que alrededor de un cinco o un seis por ciento. Así que cualquiera de los dos candidatos puede conseguir la mayoría, bueno miento, la tendrán si consiguen la definición del escaso tanto por ciento de indecisos, de electores que no se definen, que pueden hacer que desaparezca una mayoría suficiente...

Las encuestas han oscilado como barquilla sin rumbo, pobre barquilla mía , aquello de Fray Luis, bueno miento, pobre barquilla mía entre las olas sola, porque puede quedarse a verlas venir cualquiera que no consiga atraer a los indecisos, bueno miento, al cinco por ciento de electores que se considera indecisos, porque si hacía cuatro meses, tanto tiempo, parece mentira cómo pasa el tiempo, estaban tan lejanas las elecciones, la guerra de Irak tan cercana y el chapapote tan negro, factura para ellos, el hombre del frac pasaría una factura castigadora y merecida, bueno miento, no tan merecida, porque el personal fue volviendo la vista atrás, cerrando los ojos.

(No puedo continuar. Mal día para un artículo, decía al principio, sin saber qué estaba ocurriendo en aquellos instantes. En este momento, 9’51 de la mañana del día más desgraciado para España y los españoles, 11 de marzo de 2004, la radio me informa del criminal atentado ocurrido hace unas horas en Madrid. Decenas de muertos. Centenas de heridos. Para qué escribir. Uno se queda sin palabras. Con tantas como se malgastan en la floristería verbal, ahora no tengo palabras. Me he quedado seco. Repentinamente. La sorpresa y el desconcierto, devenidos en rabia e impotencia, en un furor que se deshace en lágrimas, hacen que mis ojos se ensombrezcan. Gente trabajadora que iba a su curre diario, estudiantes que portaban en sus mochilas una ilusión de juventud y futuro, ciudadanos humildes que se dirigían a buscar la salud en los centros médicos. Asesinados. Quisiera lo peor para ellos, para los asesinos. Bueno, no miento, quiero lo peor para ellos. Quiero que cada uno les desee lo peor. Yo ya sé qué es lo que quiero para los asesinos, además de desearles lo peor. Malditos. Malditos sean.)

     

                        CRÓNICAS DE RADIO POPULAR

                        DESDE  CORIA


      Coria - Castelo Branco en fútbol.

Tenis y ajedrez.

Competición internacional de Tiro al Plato.

Hogueras y capazo en el primer encierro.

 

24 de junio de 1970

Con motivo de las tradicionales fiestas de san Juan, según anunciamos, se celebraron diversas competiciones deportivas patrocinadas por el Excmo. Ayuntamiento. El día 21, a las 12 de la mañana, tuvo lugar en el campo de “La Isla” el encuentro internacional de fútbol entre los equipos del C.D. Coria y Castelo Branco (Portugal), que finalizó con el resultado de 3-2 favorable al equipo local. Antes de empezar el encuentro, se hizo entrega del trofeo de máximo goleador al jugador local Rafa, por su meritoria actuación durante el Torneo de I Regional que terminó la semana pasada. El partido resultó muy animado, con asistencia de numeroso público.

También se han celebrado dos torneos de tenis: de juveniles y seniors, con ocho participantes en cada especialidad. El trofeo de la especialidad juvenil lo ha ganado Ramón Pedro Cañada, estando aún por jugarse la final de la categoría de seniors.

En ajedrez, se celebró el I Torneo San Juan Open (abierto), sistema suizo —intermedio entre liga y copa— . Resultaron primer y segundo clasificados don Félix Viera y don José Álvarez, a los que se entregaron sendos trofeos.

La gran tirada internacional al Plato, en la que se adjudicaban 15.000 pesetas en premios fijos y 25 magníficos trofeos valorados en 25.000 pesetas, tuvo lugar el día 23 a las 4'30 de la tarde en la cancha de “La Isla”, a 25 platos, con distancia  de 15 metros sin handicap, participando escopetas regionales y de distintas provincias de Portugal.

Los diez primeros clasificados fueron los siguientes:

1º. José Alviz, de Cáceres, 3.500 pesetas, v.c. y trofeo del Excmo. Sr. Gobernador Civil.

2º. José Álvarez, de Coria, 2.500 pesetas, v.c. y trofeo de la Excma. Diputación provincial.

3º. Rivas, de Salamanca, 2.000 pesetas, v.c. y trofeo del Sr. Delegado provincial de Información y Turismo.

4º. Bartolomé Pinero, de Coria, 1.500 pesetas, v.c. y trofeo del Excmo. Ayuntamiento de Coria.

5º. Rafael Jiménez, de Plasencia, 1.500 pesetas, v.c.

6º, 7º y 8º, señor Morales, de Alcántara; señor Dorao, de Alcántara, y señor Pinero, de Madrid, con 1.000 pesetas y v.c. para cada uno.

9º y 10º, señor Álvarez Clemente, de Coria, y señor Marcos, de Navalmoral de la Mata.

De los puestos 5º al 20º, los tiradores eligieron los trofeos por orden de clasificación.

El equipo de Coria resultó vencedor por equipos, Alviz se adjudicó la serie más larga sin cero, y ocuparon los puestos 1, 2 y 3 de la localidad los señores Álvarez García, Pinero Cañada y Álvarez Clemente. Todos los trofeos, a excepción de los cuatro primeros, fueron donados por gentileza de firmas comerciales caurienses.

En la madrugada del día 24 se celebró el primero de los tradicionales encierros sanjuaneros. Numerosísimo público y animado ambiente son la tónica general. Veloces carreras. Los mozos, valerosos, desafían a cuerpo descubierto al astado. Camisas y pantalones blancos, pañuelos rojos al cuello o a la cintura prestan colorido a los festejos. Los tradicionales fuegos de las hogueras de la noche de san Juan, del típico capazo, son sustituidos por la multicolor cabellera de los fuegos de artificio, extraños y brillantes contra el negro de la noche. Han sustituido a las hogueras tradicionales, pero son los encargados de ambientar fantasmagóricamente esta noche de embrujos, de sortilegios: la noche de san Juan. Con esto dieron comienzo las ferias y fiestas de Coria.

 

Desde Coria, para Radio Popular de Cáceres, J.G.