viernes, 28 de diciembre de 2012

¿PUEDEN SER MÁS IMBÉCILES?

Mi amigo Rustyandecor (que publica varios blogs con una sensibilidad estética admirable, tanto en textos como en ilustraciones), me habla de un correo electrónico que le ha enviado una amiga catalana, titulado ¿PUEDEN SER MÁS IMBÉCILES?, IMPOSIBLE. Dice que algunos catalanes han caído tan bajo que únicamente pretenden —aparte de otros oscuros intereses— seguir en la dinámica de la provocación. El Ayuntamiento de Barcelona, presidido por el socialista Jordi Hereu, ha decidido felicitar las fiestas con el alumbrado navideño en seis lenguas. Ninguna de ellas es el castellano. Luego se quejan de que los españoles no les compren Cava. Coño, hay que estar anclado en la imbecilidad de forma inamovible como para pretender que te compren Cava, después de humillar despectivamente a los españoles y ningunear  chulescamente su idioma. Trabajé en Cataluña, en el instituto Nikolas Kopernico (hoy Nicolau Copèrnic). Los profesores, la mayoría catalanes, eran amables. Buena gente. Buenos compañeros hasta el punto de que en los claustros se expresaban en castellano en deferencia a nosotros. En la revista del Instituto, junto a textos en catalán, yo publicaba poemas y relatos breves en castellano. Y nadie se ofendía. ¿Qué pasa ahora? ¿Han caído en la imbecilidad profunda? ¡Lástima que paguen todos los catalanes por culpa de una clase política sin nombre y, tal vez, sin pundonor! Utilizan a los votantes para exaltación de su paranoia (delirio de grandeza y persecución). Paranoicos, tú.

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