viernes, 11 de mayo de 2012

EXQUISITEZ NARRATIVA

Es  la fugacidad exquisita. En ella se encuentran las grandes síntesis narrativas y sus sintéticos sintetizadores. Ya hay asociación exquisita que organiza concurso para premiar el cuento más breve de la fabulación competidora: no puede pasar de las trece palabras. El modelo exquisito de tan agudo intento narrador, paradigma de la invención y agudeza de ingenio, no es otro que el cuento de Augusto Monterroso, el cuento más pequeño del mundo, ese que dice aquello de que «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí». Fin. Ya. Se acabó. Los exquisitos afirman que es una maravilla de la microcondensación narrativa, y que esa maravilla  supera incluso a La oveja negra y demás fábulas.
Quizá por eso el propio Monterroso no escapa del alarde exquisito cuando afirma que no le gusta la pirotecnia verbal y que sólo los malos escritores son felices con las metáforas. (O Juan Marsé cuando habla de los escritores ‘sonajero’). Así que si pretendes quedar bien situado en el ámbito de la exquisitez narrativa, no tienes más que llegar a la tertulia y lanzar a los cuatro vientos el aserto de que Juan Manuel de Prada, por ejemplo, es un pirotécnico verbal o de que Felipe Benítez Reyes es un sonajero de jardín de infancia. Quedarás como Dios.

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