jueves, 22 de diciembre de 2011

LA LOTERÍA

Los goliardos jugaban a una especie de lotería subversiva y amoral, que entonces se llamaba ‘rueda de la fortuna’, en la que unos subían y otros bajaban, según que el vino, la poesía amorosa o las mujeres los impulsasen a la riqueza de los placeres o a la ruina de Hécuba. Así, al menos, aparece en algunos pasajes de los Carmina Burana.
Juan de Mena, sin embargo, dejó la rueda pero cayó en el Laberinto de la fortuna. Influido por Dante, Virgilio y Lucano, se empeñó en desenmascarar la codicia de la fortuna (para ellos era la ‘fama’) que roía las entrañas de los primeros renacentistas.
El sueño es una irrealidad casi realizable. Ahora el personal no empuja la rueda de la fortuna ni se pierde en su laberinto. Ahora el gentío utiliza una abstracción casi filosófica. Aletea sobre las cabezas ciudadanas—porque El sueño es una realidad irrealizable— con la pertinacia de las moscas y la parsimonia de las arañas. Es la lotería, ese paraíso terrenal, esa tierra prometida de la abundancia en la que las depresiones, las represiones, las sumisiones y las ansiedades encontrarán la leche y la miel de una  felicidad inagotable. 
Ojalá tengas suerte y te toquen los 400.000 euros del ala.
¡Felicidades!

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